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Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

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Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Marshal Lee el Mar Jul 10, 2012 1:59 pm

Hoy hacía un día más tranquilo y con menos calor, así que Marshall decidió salir de la Academia para buscar algo con lo que entretenerse en la ciudad. Vestía con una camisa a cuadros roja y negra y unos vaqueros claros, acompañados de unas converse rojas.
No había nada de su interés, se recorrió casi la ciudad entera en busca de algo pero nada, nada era de su agrado.
Con todo lo que había andado posiblemente haya adelgazado, y eso no le hacía mucha gracia porque si adelgazaba más acabaría en los huesos y por lo tanto su atractivo iría desapareciendo poco a poco.

Al paso iba notando que el ambiente cambiaba, en la zona en la que estaba hora no pasaba ni un alma por la calle y las casas de alrededor parecían solitarias, sin nadie ahí para cuidarlas y darles algo de color.
Interesante.., pensó Marshall observando cada una de las casas, mientras iba señalando con un dedo para saber cuál escoger. Se paró delante de una casa enorme, parecía como una mansión. Tenía un pequeño jardín pero estaba descuidado con miles de malas hierbas de un color verde apagado. Las paredes eran blancas, o eso parecían serlo, porque ahora la pintura se había soltado en algunos lados y tenía un tono grisáceo de a saber qué; y el tejado era de un color azul oscuro que por lo general, era lo que estaba en mejor estado.

La puerta era blanca, con el mismo tono que las paredes, y para variar, tapiada con dos trozos de madera en forma de cruz, agarradas de un tornillo a cada esquina de éstas. Para el muchacho no fue difícil soltarlas, ya que por lo que parecía llevan ahí bastante tiempo y más de uno había intentado quitarlas, haciendo que ahora fuera más fácil extraerlas. Echó unos pasos adentro ansioso de saber qué habría dentro, y solo pudo ver un salón normal y corriente, con todos los muebles llenos de polvo. Lo único que le agradaba es que habían tan solo un par de ventanas y hacían la habitación oscura.

- Menuda mierda.- Dijo quitándole el polvo a un sillón rojo cercano, para acto seguido sentarse a él. Parecía decepcionado, se pensaba que podría encontrar algo más interesante ahí dentro.
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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Reika Tsukimiya el Mar Jul 10, 2012 3:37 pm

Había ocasiones en las que Reika no podía comprender por qué se le venía a la cabeza hacer algunas cosas. Como ese día, cuando se había antojado de dar un paseo fuera de los terrenos de la escuela. La verdad es que tenía muy poco qué buscar entre las cuatro (inmensas) paredes de Cruz Verdadera: no tenía clases ni tareas pendientes. Por eso Reika decidió simplemente prepararse y salir a dar vueltas con rumbo desconocido, iría a donde sus pies la llevaran. Para no llamar mucho la atención, la rubia cambió el uniforme escolar que lucía por un overol de tela de finas rayas blancas y azul claro, una camiseta blanca sin mangas y unos zapatos deportivos. Su rizada melena rubia se la dejó suelta.

-Esto es un tanto tenebroso.- Su rumbo la llevó al área de las casas abandonadas. Recordaba que los profesores les advertían que no debían rondar por ese sitio, más si estaba oscureciendo. Reika miró al cielo, todavía faltaba tiempo para que el Sol se ocultara, pero con o sin iluminación, las casas abandonadas seguían luciendo tétricas. La chica estaba a punto de dar la vuelta para regresarse cuando su mirada se fijó en una figura que vagaba por ahí.

Entornó sus ojos para descubrir de quién se trataba, pero por la distancia sólo podía deducir que era alguien joven. -¿Qué estará buscando por aquí?- Se mordisqueó el labio inferior, pensativa. La curiosidad pudo más y la chica no tuvo más remedio que seguir a la misteriosa figura, la cual terminó entrando a una casa. Reika permaneció afuera por unos momentos preguntándose por qué había entrado a esa en particular, pero luego de cavilarlo llegó a la conclusión de que la elección había sido al azar. Con cuidado y en silencio, hizo su camino por el oscuro y polvoriento corredor de la vivienda.

El muchacho a quien había estado siguiendo entró a una de las salas y permaneció ahí, inmóvil, por un rato. Un rato que fue bastante breve ya que luego dejó escapar algo de su frustración para después sentarse pesadamente sobre uno de los sillones. -¿No crees que estás siendo un poco cruel con una casa que ni siquiera es tuya?- Le dijo la muchacha, pasando por el umbral de la puerta de la sala de estar. La rubia ladeó ligeramente su cabeza. –Es mala educación entrar sin permiso, incluso si es a una casa abandonada.- Ahora que lo tenía cerca podía jurar que lo había visto en algún sitio… no tuvo que esperar mucho para que el foco se le iluminara y se diera cuenta que el muchacho pertenecía al cuerpo estudiantil de Cruz Verdadera. Reika chasqueó la lengua y se cruzó de brazos como si le fuera a echar una reprimenda. –Además saber que a los profesores no les gusta que rondemos este sitio.-

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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Marshal Lee el Mar Jul 10, 2012 9:08 pm

Sentado en ese sillón de cuero, que a pesar de ser algo viejo, se estaba bien cómodo ahí, Marshall comenzó a divisar todos los muebles y detalles que había por esa sala. Era un salón enorme, y pese a que estaba completamente abandonada, todos los cuadros, figuras y marcos de fotos seguían ahí, como si la familia que lo abandonó por cualquier motivo quiso dejarlo ahí.

Estaba tan concentrado en todo esos pequeños detalles que ni se dio cuenta de unos pasos se acercaban ahí. Alguien había entrado a esa casa al igual que el muchacho. Casi echó un brinco cuando escuchó una voz femenina cerca de él, no era miedo de lo que podría haber sido, sino que haber cortado esa concentración con una voz que sonó en seco, le asustó. Al girarse, vio a una muchacha de cabellos rubiales, y entonces soltó una risita.

- Pensé que eras un fantasma o algo.- Dijo con total normalidad a pesar del comentario de la rubia, con una sonrisita. Luego ésta le dijo que era de mala educación entrar sin permiso en casas ajenas, y Marshall se alzó del sillón al que ya se había acomodado completamente para poder observar bien su cara.

- Aún que llamara, nadie me habría contestado.- Le informó posando cada una de sus manos en la cadera, en forma de taza. Y tenía razón, ni aún que tocara a la puerta nadie le habría abierto con esas maderas tapiando la puerta.

Cuando la chica pudo ver mejor la cara del chico, pareció darse de cuenta de algo y no parecía contenta con ello. Dijo que a los profesores no les gustaba que ronden por ese lugar, y Marshall en seguida arqueó las cejas perplejo.

- Yo no sabía nada de eso.- Le contestó rascándose la nuca mirando al suelo. Puede que en clase lo hayan dicho, pero lo más seguro es que éste no se haya enterado.- Pero ni que estos sitios fueran malos.- Volvió a decir, no muy contento por la regla que habían puesto los profesores.

Cuando ladeó su cabeza para mirar a la muchacha pudo darse cuenta de que era de la Academia. No solo por que le sonaba de haberla visto por ahí, sino por lo que había dicho de los profesores, que hasta ahora no había caído.
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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Reika Tsukimiya el Mar Jul 10, 2012 11:02 pm

Por unos momentos Reika se imaginó como uno de esos espíritus vengativos que solían… habitar lugares como aquel sitio a decir verdad. Si había tomado al muchacho por desprevenido no quería imaginar que ella se encontrara en una situación similar. Discretamente volteó un poco para mirar por encima de su hombro y asegurarse que nada desagradable se encontraba flotando a sus espaldas. –No sé tú, pero es de conocimiento general que si una puerta está tapiada significa que no puedes entrar sin una autorización.- Cuando entró después de él había notado que había forzado su entrada a la vieja casa. –Podrías meterte en muchos problemas,…-

Y justo en ese instante se dio cuenta que, aunque lo había reconocido de la academia no significaba que supiera su nombre. La rubia dejó escapar un suspiro, aún fuera de la escuela no dejaba de regirse por las reglas que imponían los profesores. -¿Y que tiene de malo?- Pensó para sí. –Después de todo, las reglas están para evitar los problemas.-

Ya que estaba ahí, la muchacha se había propuesto quedarse hasta asegurarse que el intruso saliera de la casa. A pesar de que aquello era lo correcto, no podía evitar sentir por lo menos un ápice de curiosidad. Normalmente evitaba estar en lugares como esos, pero igual tenían algo que llamaba su atención… aunque si se lo preguntabas, Reika lo negaría fervientemente. –Entonces se te nota lo nuevo.- Le dijo a la vez que avanzaba por el salón, sus ojos rondaban el descolorido y fantasmal decorado de la habitación con una mirada que parecía analizar los elementos de un mensaje escondido en una imagen abstracta.

-Eso o eres muy distraído.- Agregó. Pero realmente existía la posibilidad de que el muchacho que la acompañaba fuera nuevo en la Academia, y para coronar, tal vez era alguien a quien se le dificultaba acatar las reglas. La jovencita se descruzó de brazos y entró sus manos en los profundos bolsillos de su overol; sus pasos la llevaron al sofá cubierto por una sábana que se localizaba casi enfrente del sillón que ocupaba su acompañante. –Los profesores dicen que en estructuras como estas puedes encontrar de todo tipo de cosas. Más que nada demonios pequeños que viven en colonias. Y que si atacan en enjambre podríamos tener uno que otro inconveniente.- Reika se dejó caer en el sofá, cuyos cojines, a pesar de los años, continuaban tan mullidos como el primer día. Sin embargo, al dejarse caer se elevó una nubecilla de polvo que la hizo toser.

-¡Cough, cough!- El polvo fue a parar director a su garganta y la sensación de escozor que le produjo era horrenda e incomoda. La rubia se aclaró la garganta para continuar hablando. –Ejem… y claro, siempre está la amenaza de algo peor…- Por peor quiso referirse a algún demonio mayor, pero en su mente sólo podía imaginar a un fantasma vengativo que en cualquier momento los sorprendería por haber invadido su hogar. –Si algo viene espero que te lleve a ti primero.-

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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Marshal Lee el Miér Jul 11, 2012 12:28 am

Por todo lo que iba hablando la chica, Marshall decidió sentarse de nuevo en ese sillón tan cómodo que le parecía. No había entrado en esta casa porque sí. Su antiguo hogar estaba justo al lado de la de ésta (que también estaba tapiada), un par de años antes de que comenzara a vivir solo, vivía aquí una familia normal, que si no recordaba mal eran padre, madre y dos pequeños gemelos. La verdad, Marshall se llevaba bastante bien con esos dos muchachos, pero tenían una enfermedad y acabaron muriendo ambos al rededor de los dieciséis años. Él se acabó enterando cuando fue a hacer una visita, ya que él vivía en el centro de la ciudad. ¿Problemas?, pensó el chico tocando su sien derecha con una sonrisa pícara, viendo los problemas muy pero que muy alejados de él.

La chica pudo adivinar que se trataba de un nuevo alumno en la Academia, y éste asintió con la cabeza, pero luego dijo que, por si no era nuevo, se trataría de un chico distraído; por lo tanto Marshall volvió a asentir con la cabeza. Colocó el codo en el respaldo del sillón y apoyó su cabeza en la palma de la mano, cuando vio a la chica acercarse a un sofá cercano del sillón. Volvió a repetir esa regla de los profesores, que si te pasabas por esas casas abandonadas podrías encontrarte con alguna colonia de demonios.

- ¿Demonios..?- Le preguntó para asegurarse, arqueando sus cejas.- Si pretenden comerme, antes me los como yo.- Prosiguió relamiendo sus dientes superiores de derecha a izquierda, como si estuviera saboreando los restos de alguna comida que acababa de tomar.

Entonces escuchó a la chica toser, no sabía como lo había conseguido, pero pensó que lo más seguro sería por el cúmulo de polvo que habitaba por toda la casa. Aún que se trata de polvo, alzó un poco su cabeza para ver si se encontraba bien.

Cuando se aclaró la garganta continuó hablando y Marshall comenzaba a cansarse de tanta palabreja, pero aún así seguía escuchando sin rechistar. No podría quejarse la chica, porque era algo que no solía hacer de normal. Su última frase fue como una punzada en su estómago, y sonrió algo forzudamente mientras se levantaba de ese sillón polvoriento y se acercaba a ella.

- Sí ese algo viene, no hace falta que des las gracias cuando te salve.- Le dijo casi en un susurro, agarrándola del mentón.

Pues por si aún no lo había notado por su apariencia, Marshall era un demonio, por lo que sería mucho más fácil manejar a otros de su misma raza. No tenía miedo de cualquier bichejo que pudiera haber por allí, y si lo había, se encargaría de matarlo hasta el último trozo por molestar la casa de unos anteriores vecinos suyos. Tampoco le haría mucha gracia que le hiciera daño a la chica de cabellos rubios que había conocido, no era tan mala persona como para no defenderla.
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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Reika Tsukimiya el Miér Jul 11, 2012 2:57 am

Reika trataba de controlar el impulso de estornudar que la había invadido. -Estupida alergia. Estupido polvo.- Se dijo para sus adentros, cerrando sus ojos con fuerza para ignorar el cosquilleo en su nariz. Con su diestra se rasco la nariz para impedir que se iniciara un ataque de rinitis. -¿Comer demonios? Pero qué cosas dices…- Si hubiera podido habría acompañado su expresión con una mueca de asco, no podía imaginar que los demonios tuviera un buen sabor o que estos fueran saludables para ser consumidos.

Estaba distraída, tenía que admitirlo, porque para cuando se dio cuenta que el joven se le había acercado ya estaba tomando su mentón para que lo mirara a los ojos. Sus pupilas se fijaron directamente en las escarlata del otro, y en sus características. Antes, cuando lo había visto en la calle, la distancia le impidió distinguir sus rasgos particulares. Incluso cuando había entrado, la iluminación del sitio no era la mejor. No fue hasta ese momento, teniéndolo tan cerca, cuando pudo ver con claridad el tono grisáceo de su piel… tan antinatural en un humano… el vistazo de colmillos que se asomaban, muy ligeramente, de entre sus labios, y bueno, ahora que lo podía percibir, toda su presencia. –Eres un híbrido.- Declaró lo obvio, más no parecía asustada por su descubrimiento, sólo un poco sorprendida de no haberse dado cuenta antes.

La rubia parpadeó un par de veces para luego sentar cabeza y pensar en lo cerca que estaban. El hecho de que fuera mitad demonio no la atemorizaba, pero tenerlo invadiendo su espacio personal cuando todavía no sabía ni su nombre era gran ‘no no’ en su manual de comportamiento. De igual forma no quería parecer grosera con él, ya que por el hecho de ser híbrido no significaba que fuera un ser malvado. Su propia madre era una híbrido de humana y demonio, y ella era una buena persona. Reika levantó ambas manos, que momentos antes habían estado descansando sobre su regazo, para tomar con gentileza la mano que sostenía su mentón y hacer que le soltara. –Eres muy amable, pero si es verdad que te atreverías a comerlos creo que la indigestión no te dejaría actuar de forma tan gallarda.- Le comunicó en broma mientras que dejaba que una sonrisa ladina se extendiera en sus labios.

Sin embargo, del piso superior se escuchó un ruido que la sorprendió. Reika apretó la mano del muchacho, aunque no fue un apretón fuerte, más bien había sido una reacción que la ponía en estado de alerta. Sería el colmo que sus imaginaciones se volvieran realidad. Sin soltar la mano del joven híbrido, la chica dejó que su mirada por la estancia y luego miró al techo. Por más que lo quisiera el techo no se volvería transparente, pero sea lo que sea que estuviera allí arriba en esos momentos se estaba arrastrando. Del umbral que conectaba la entrada al salón con el pie de las escaleras que llevaban al segundo nivel Reika vio flotar un grupillo de coal tars de ojos verdes. –Son los inofensivos, pero creo que la casa tiene que estar infestada de ellos.- Dijo la rubia poniéndose de pie. –Pero no son ellos los que se están arrastrando ahí arriba. Creo que ha llegado la hora para irnos.- Pero aún diciendo eso, sus orbes verdes continuaban examinando la escalera como si quiera ir a ver lo que se encontraba en el segundo nivel. Era tonto, arriesgado, los profesores seguramente la regañarían… pero quería ir a ver.

Y con todo esto, todavía no había soltado la mano del chico.

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Re: Matando el tiempo entre los escombros [Libre]

Mensaje por Marshal Lee el Miér Ago 22, 2012 8:26 pm

Soltó una risilla ante el comentario de la muchacha, Marshall ni siquiera se había imaginado la acción de comerse un bicho de esos, que tampoco es que lo quisiera hacer.
Aún le seguía mirando a los ojos de ésta mientras le agarraba esperando su respuesta, que llevaban un toque que le agradaban, le mostraban paz y tranquilidad, simplemente, le gustaban.
Esta vez la rubia contemplaba al chico con determinación antes de que respondiera, como observando cada uno de sus rasgos. Y en efecto, así era.

<<Eres un híbrido.>>

La chica agarró la mano del moreno y la apartó de su piel aún sin soltarla, cuando Marshall ladeó un poco la cabeza para observar de nuevo a la rubia. Entonces apareció de nuevo su típica sonrisa bribona.
- Pensé que ya te habías dado cuenta.- Vociferó aún con la sonrisa en los labios, mostrando sus dientes colmilludos.
La sonrisa se borró cuando un ruido extraño sonó en algún lugar de la enorme casa; y Marshall al igual que la chica no pudieron evitar voltear los ojos hacia arriba al notar que el sonido procedía de allí. Después se escuchó otro sonido ahora procedente de las escaleras que venían del piso de arriba. Eran demonios, negros y pequeños. Marshall los observa con determinación mientras ellos bajan volando y se acercan hacia los dos. Bajó la cabeza para observar su mano, y luego la de la chica, que estaba agarrando la suya con fuerza. Sonrió. Miró a su alrededor al caer en la cuenta de que necesitaba algo para poder darle a ese demonio de ahí arriba, en busca de algo que pudiera servir. Oh!, pensó Marshall al acordarse de con qué estaba sujeta la vieja puerta: con dos palos bien largos y grandes de madera. Soltó la mano de la rubia para colocarla mejor; metió cada uno de sus dedos entre los huecos de la mano de ésta y apretó con fuerza -aún sin hacerla daño-, y corrió hacia la puerta.
Al llegar allí se agachó y agarró los dos palos, le soltó la mano a la chica y le colocó uno de ellos en la palma, sujetando el otro con su diestra.
- Demuéstrame lo que sabes, bonita.- Le dice, mientras con la mirada observa a los pequeños demonios que ya estaban más cerca de ellos. Esos palos no servirían para matar a esos pequeños bichejos, ya que esos se podrían apartar de un manotazo como si fueran moscas; ambos querían ver al demonio de ahí arriba y Marshall no se iba a quedar atrás.

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